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8 nuevos proyectos que no lanzaré

Desde hace algunos años tengo una carpeta en mi ordenador que se titula “Nuevos Proyectos“. Por ella han desfilado aventuras inimaginables, ideas y sueños. He decidido desprenderme de algunos de estos proyectos -ocho concretamente- aunque ya he ido borrando varios documentos durante todo este tiempo. Ocho nuevos proyectos que desde este momento ya no figuran en mis archivos. Los únicos documentos sobre los mismos serán los artículos que publicaré aquí sobre cada uno de ellos. Ojalá le sirvan estas ideas a alguien que sí tenga la capacidad y/o los recursos para llevarlos a cabo conmigo o sin mí.

Para cumplir con mi primera palabra de 2017, “foco”, he decidido tomar cartas en el asunto y cambiar algo en mi vida. No se me ocurre mejor manera que empezar a hacer frente al “síndrome de los nuevos proyectos“.

Evolución personal

Esto es un pequeño experimento de crecimiento personal muy al estilo del maestro Isra García. Aunque os parezca algo bastante simple, para mí no es nada fácil renunciar a estos planteamientos. De hecho, hace poco tiempo le di varias vueltas a uno de ellos. Ninguno de los proyectos que voy a presentar es especialmente innovador.

Necesito pasar página. Creo que forma parte de mi evolución y de mi gran proyecto vital “Boost My Progress“. Porque madurar supone aparcar sueños imposibles para centrarse en lo que de verdad importa.

Hoy sólo los mencionaré, pero poco a poco los irás descubriendo aquí, en mi blog, uno a uno en www.lisandrocaravaca.es:

#1 Centro Español de Teatro Ciego

#2 Boost Detroit

#3 Social Media desde la sabiduría indígena

#4 Desafío Senda del Duero Bike Race

#5 Coworkation

#6 Knowmads, viajeros de un presente cuántico

#7 Pucela Innova

#8 Agente de tenistas semiprofesionales

¿Quieres comentar algo o saber más? No lo dudes, escríbeme.

Mis tres palabras para 2017

No he empezado demasiado animado que digamos este 2017 y casi me olvido de la tradición de publicar “mis tres palabras” del año que sirvan para fijar conceptos a modo de guía para cumplir nuestros propósitos durante todo el año. Estos conceptos, sin duda, hacen referencia a sensaciones y reflexiones recientes o que ya se vienen produciendo desde hace tiempo. Al mismo tiempo, el hecho de publicarlo cada año permite analizar y evaluar qué tal te ha ido y si eran las tres palabras acertadas o no…

En 2014, mis tres palabras fueron: Actitud, solidaridad y conexiones. Leer aquí.

En 2015, mis tres palabras fueron crear, crecer y cambiar. Leer aquí.

En 2016, mis tres palabras fueron: convencer(me), colaborar y progresar. Leer aquí.

En 2017…

Mis 3 palabras para 2017

Foco

+

Pasión

+

Oportunidad

Tengo claro que estas son mis 3 palabras para 2017. Ahora tengo que terminar de interiorizar mis estrategias y planteamientos de cara a descubrir cómo quiero convertir las palabras en acción para hacer que suceda. Seguiremos informando.

¿Cuáles son tus palabras para 2017? Comparte en redes sociales con #3palabras2017

Mis tres palabras para 2016

Ponemos punto y final al año 2015 y comienza 2016, un año que intuyo que va a ser muy bueno (a poco que mejore la cosa… ya será mejor que el anterior jejeje).

Al igual que el año pasado, retomo la iniciativa “mis tres palabras” para fijar tres conceptos que servirán de foco para cumplir nuestros propósitos durante todo el año. Estos conceptos deben contener cierto grado de significado e implicación en tu vida y para ello debes reflexionar un poco y no tomar decisiones a la ligera.

En 2014, mis tres palabras fueron: Actitud, solidaridad y conexiones. Leer aquí.

En 2015, mis tres palabras fueron crear, crecer y cambiar. Leer aquí.

En 2016…

Mis tres palabras para 2016

Convencer (me): debo convencer a mis clientes, socios, colaboradores, etc. de que soy la persona adecuada para confiar sus proyectos profesionales y que no les fallaré. Esto debería producirse todos los días del año y todos los años de tu vida, pero no está de más que lo plasme por escrito para tenerlo todavía más en cuenta.

Al mismo tiempo, debo ser fuerte y seguir luchando por mis sueños pero, principalmente, convencerme de que puedo seguir desarrollando una dinámica de trabajo positiva y ascendente.

Colaborar: dada la magnitud de los proyectos en los que estoy inmerso, la colaboración será un pilar fundamental para el progreso. En dichas colaboraciones hay que buscar siempre el equilibrio y que ambas partes salgan beneficiadas (win-win).

Progresar: Progresar es “ir hacia delante”, es crecer, mejorar, madurar, ser más organizado, más incisivo, más sabio… Esto, evidentemente, no es teoría; lo van dando los años, la experiencia, las vivencias, etc.

Ya habrás visto que no he dado demasiados detalles. Me los reservo. Ahora viene la magia: terminar de interiorizar los planteamientos y convertir las palabras en acción para hacer que suceda.

¿Cuáles son tus palabras para 2016? ¡Felices Fiestas!

Photo Credits: Business2Community

El síndrome de los nuevos proyectos

Hola. Soy Lisandro. Tengo 25 años y tengo el síndrome de los nuevos proyectos. Es una nueva patología considerablemente inexplicable para muchos; se desconoce su origen y su tratamiento aún está en proceso de investigación.

En el diagnóstico clínico aparece que este síndrome NO tiene cura y según los distintos niveles de riesgo puede llegar a ser letal. Afecta indistintamente a varones y mujeres de cualquier edad que reúnen una serie de cualidades tales como la pasión, generosidad, curiosidad y multireincidencia (sugerencias de un gran amigo como Fernando Burgos, @ditelnet). Se desconoce el origen de esta enfermedad mas podría ser muy antiguo, incluso prehistórico dada la sintomatología. Se sabe que el síndrome es poco contagioso y que se transmite a través de las emociones. La mayoría de la población podría ser completamente inmune.

La sintomatología es variada, sin aparentes secuelas físicas, pero las psíquicas sí son reseñables: vértigo por momentos, picos de adrenalina, frecuentes cambios de humor, aversión al pesimismo, etc.

Hay distintos tipos de emprendedores e innovadores y este síndrome no tiene por qué afectarles a todos. En mi caso, brota cuando tengo una idea o alguien me propone algo, de primeras soy incapaz de decirle que “no”. Lo bueno de todo esto es que, normalmente, es la otra parte la que no pone todo de su parte o desiste primero, entonces no me deja mal parado. Creo que sólo he tenido que renunciar una vez. Os aseguro que el proceso de toma de decisiones es doloroso.

Tengo una carpeta de “nuevos proyectos” en el ordenador con un montón de ideas esbozadas en documentos. Generalmente abro un documento en Word, anoto una idea, le pongo un título y, según el caso, la desarrollo un poco, mucho o nada.

Muchos dicen que no hay que perder el foco, y es cierto, no siempre lo hago. Otros dicen que el que mucho abarca poco aprieta (esto lo suelen decir los teóricos del “no”, los que no hacen nada y a quienes cualquier cambio les parece imposible). Lo que pocos saben es que “creer” y “crear” sólo están a una letra de distancia. Y si crees, ten por seguro que puedes hacer que suceda. Como decía Víctor Hugo, “no hay nada más poderoso que una idea cuyo momento ha llegado”.

Ahora bien, siempre hay factores que no están en la portada de los diarios como son el espíritu de equipo y la cooperación, los valores, la solidaridad, la toma de decisiones, la actitud… y que siempre debemos tener presentes en mayor o menor medida.

El síndrome en mi vida

A continuación resumo los proyectos que en algún momento tuvieron repercusión en mi vida. Quedan excluidas todas las ideas –que son muchas- que por distintos motivos no se materializaron así como las aportaciones que realicé para terceros.

Antes de los 18 años: varias acciones que no recuerdo del todo bien (un mercadillo de pulseras, manualidades y objetos de segunda mano; unas pruebas deportivas con los chicos del pueblo…)

A los 19 años: Sin tener moto -a pesar de mi amor por esos “bichos”- creé un club de moteros en mi pueblo, los “Sex Pistons” y me nombraron presidente. Vaya “papeleta” que aún se me recuerda porque aún sigo sin moto.

A los 20 años: La Raqueta y la Pluma, mi segundo blog, donde quería crear contenidos en torno al mundo del tenis al que seguía vinculado…

A los 22 años: Terminé la Universidad y mi primera salida profesional fue “Traducción & Social Media”. Con el auge de la comunicación 2.0, opté por combinar mis estudios para ofrecer servicios profesionales a empresas. Creé un blog que cerré con 75 entradas.

Fue nada más terminar la universidad cuando empecé a impregnarme de la filosofía “mapmaker”. A hacer más que a decir. A tomar las riendas y a dibujar mi mapa. A ser capaz de crear cambio dentro que impactara fuera. (Os recomiendo este espacio: http://mapmakers.es)

A los 23 años: Eduskopia (y todo lo que engloba), Plataforma Taponea (y antes Tapones para Aimar).

A los 24 años: UltraTorozos (y todo lo que engloba), el viaje de investigación a Colombia, los dos libros, Actitudes 2.0 en España.

A los 25 años: Sportsphilia, y los que están por venir…

He aprendido mucho desde entonces y lo que sí tengo claro es que seguimos en estado de “beta permanente”, en modo #replanning, con la expectativa de que algo pasará. Porque en definitiva, nada cambia si tú no cambias nada. El futuro se crea en el presente.

Imagen: ripplemdk

Emprender no es tecnología es actitud proactiva

Yo no fui el “listillo” ni el sportsman activo y sociable durante mi infancia, en todo caso pude ser un niño noble y soñador (por lo que me han contado) dado que sí desarrollé desde muy pequeño una gran pasión, ilusión y creatividad pero que rara vez exteriorizaba. La pena es que en mi afán de estimular y apoyar a los demás, prolongué mi ingenuidad durante muchos más años de los que hubiese deseado. La mayoría de las veces no tuvo el menor sentido. Las ideas en un entorno infértil no son bienvenidas, nunca.

Emprendiendo desde niño

A los 8 años creé junto con mi hermana nuestra primera (y única) exposición de caricaturas y dibujos. Ella dibujaba y yo traía a los “clientes” al “museo”. A los 10 años vendí durante un verano pulseras hechas a mano y canicas de colección. El negocio fracasó al incorporar como empleados a los que debían ser mis clientes que, dicho sea de paso, ni producían ni compraban.

A los 12 años vendía pelotas de tenis y de frontenis de segunda mano en perfecto estado. Además, intentamos vender botellas de vidrio recicladas. Para completar esta experiencia empresarial y pulir mis dotes de negociador, intercambiaba tazos (figuritas con forma de círculo que se vendía en los paquetes de snacks o golosinas y con las que jugábamos) y cromos (de jugadores de fútbol) con mis amigos y compañeros.

Y la tecnología hizo su aparición

mi pueblo

Durante toda esta etapa no disponía de Internet ni de teléfono móvil y vivía en un pequeño pueblo de Valladolid de apenas 250 habitantes. Cuando entré de lleno en la adolescencia, las cosas cambiaron ligeramente. La era de las máquinas entró en nuestras vidas a los 13 ó 14 años. Aunque yo jugaba cada fin de semana al tenis (hasta los 18), mis amigos y compañeros comenzaron a sentirse particularmente atraídos por la electrónica de consumo: primero fueron los Tamagotchi, las Play Station y luego las Game Boy y todos sus derivados. Ya no había tiempo ni motivación para jugar al fútbol ni para montar en bici y nos habíamos hecho demasiado grandes para seguir haciendo cabañas en los árboles o para fabricar cualquier transporte rudimentario que nos permitiese navegar por el río o por el canal que regaba las tierras cosechables. Mis amigos estrenaron sus primeras motos a los 14 o 15 años y desaparecieron los resquicios de cualquier atisbo de actividad sana. Hasta hoy.

El fin de la Humanidad

Poco a poco mi creatividad, mi ilusión y mis ganas de hacer cosas fueron desapareciendo: no había apoyos. A día de hoy, me da pena regresar al pueblo que me vio crecer y ver que ni los jóvenes ni los mayores pasean. Donde ya no se ven bicicletas en las puertas de las casas. Donde los desempleados desgastan los sofás del salón (aunque por suerte sigue funcionando el bar). Donde hay edificios públicos en perfecto estado pero inutilizados. Donde escasea la comunicación entre vecinos. Donde se penaliza cualquier atisbo de iniciativa. Donde la alegría sólo se manifiesta dos veces al año en las fiestas populares. Donde cada día están más aislados del mundo. Lo peor es que no hay vuelta de hoja. Las diferencias entre unos y otros les impide buscar alternativas…

Emprender es tener amor propio

Emprender y tomar la iniciativa no tiene que ver con la crisis económica, ni con los días de lluvia y frío, ni directamente con la tecnología ni con parecerse a los emprendedores de Silicon Valley. Más bien, tiene que ver con tener un poco de amor propio, abrir los ojos y ver las cosas de otra manera, tener ideas, buscar una mejora de tu entorno, colaborar y cooperar con los demás, etc.

Cómo me gustaría poder desarrollar iniciativas de impacto social y cultural en los pueblos de Valladolid que mejoraran el clima social y laboral que los rodea. Sería un sueño volver a ver generaciones unidas, vida en las calles, movimiento, un cuidado por los espacios públicos y tantas otras oportunidades que, junto con las tecnologías sociales, amplificarían el mensaje.

Ya sabes mi historia, ahora tú: ¿qué sucede en tu entorno?