Cómo decirle a tu familia que vas a ser nómada digital

Hace tiempo que vengo pensando en ello, estudiándolo, analizando, preparando el terreno… y tú, ¿estás pensando en emprender un gran viaje y trabajar a distancia o buscar trabajo temporal en un destino? ¿estás pensando en irte de casa o del trabajo rutinario entre cuatro paredes? ¿Tu familia no lo entiende? A veces puede ser la discusión que no lleva a ninguna parte. En cualquier caso, tienes que decidir y no hacer nada también implica una decisión tomada. ¿Vas a hacerlo o no? ¿Tienes motivos? ¿Ha hecho click tu cabeza para dar el salto?

¿Sabes una cosa? No tienes que pedirle permiso a nadie (salvo que seas menor de edad, obviamente). Hazlo, si realmente lo deseas. Nótese que el título dice “vas a ser nómada digital…” no dice “te gustaría ser…”. La determinación en la toma de decisiones es innegociable, con todas las consecuencias.

Es posible que te lleve varias semanas intentar decir cuatro frases seguidas para explicarle a tu familia (y amigos) que quieres ser nómada digital pero no te ha sido posible. No te dejan acabar y sólo encuentras en ellos cara de incredulidad y comentarios como… “¿y con eso vas a ganar mucho dinero?”, “¿y qué vas a hacer todo el tiempo que no estés trabajando?”, “me parece totalmente improductivo ir de aquí para allá” “¿y cómo vas a cubrir tantos gastos?”, “¿te vas a independizar así para ganar cuatro duros?”… Es cierto que a estas alturas no necesitas pedirle ningún permiso pero conviene que lo sepan y que además lo comprendan. ¡Espera un momento! Es posible que esta sea la primera vez que escuchas hablar de este concepto, así que empecemos por el principio:

¿Qué es un nómada digital?

¿Qué es un nómada digital? Básicamente, como dice Adrián Díaz en Mercados21, es “una persona que ha logrado desvincular su trabajo de su lugar de trabajo”.  

Puede ser una persona que haga viajes cortos o un viajero que se mueva por todo el mundo sin pasar por casa en una buena temporada. En cualquier caso, sí que es común la característica de movilidad. Para empezar, es importante reseñar que no todos los nómadas digitales son iguales ni trabajan en lo mismo, ni se la pasan viajando todo el año. Me remito a las palabras de Joan Boluda: “Hay 3 perfiles de nómada digital: el emprendedor, el freelance autónomo y el trabajador por cuenta ajena con empresas en remoto”. En definitiva, como dice Joan, “un nómada digital es una persona que usa Internet para desempeñar su trabajo y/o vender sus conocimientos a otras personas o empresas”.

El nómada digital se caracteriza porque no es sedentario y porque trabaja online. Y, además, hay otro concepto maravilloso como es el “knowmad” del que se ha escrito un libro que te recomiendo (lee mi resumen aquí) y que hace referencia a aquellas personas que se dedican a vender su conocimiento. Por lo tanto, hay quienes se considera “knowmada digital”, como Franck Scipion, creador del portal www.lifestylealcuadrado.com/.

Ejemplos de profesiones ideales para nómadas digitales

Sí, cada vez hay más profesiones que nos permiten ser nómadas digitales. Algunas son: traductores (idiomas), diseñadores (web, gráficos, etc.), programadores informáticos, fotógrafos, consultores, community managers, blogueros, profesores online, psicólogos, artistas, etc. No te imaginas de lo que es capaz la gente. Te dejo este artículo de Dnomad.club para que veas…

Como ya empiezas a comprobar, esta idea no es una iniciativa aislada que se me ha ocurrido a mí, hay miles de personas desarrollando su vida fuera de la oficina. Es más, según Pieter Levels, creador de Nomadlist.com y uno de los jóvenes emprendedores más respetados en este ámbito, en 2035 seremos mil millones de nómadas digitales. Incluso hay congresos de nómadas digitales como el DNX (Buenos Aires 2017 y Barcelona 2018) o Nomad City en Las Palmas (https://www.nomadcity.org/). Hay una industria creada por y para los nómadas digitales.

Motivos para ser nómada digital

Cada uno tendrá los suyos evidentemente pero, como diría el amigo Alfonso Alcántara “Yoriento”, “motivación no es tener ánimos sino tener motivos”. Aquí te explico algunos:

Cambiar de estilo de vida: tomar una vía alternativa a la velocidad hacia ninguna parte, al cortoplacismo, a las ataduras, a los horarios, a la rutina, etc. Hay quien te dirá “por irte muy lejos no vas a resolver los problemas”, pero tú no escuches. Quizás sí encuentres la solución fuera. En cualquier caso, que cada uno procure resolver los suyos.

Conocer lugares y gente: O mejor conocer iniciativas concretas en sitios concretos. Por ejemplo, “pasar quince días en Las Palmas de Gran Canaria conociendo personas increíbles en los distintos espacios de coworking al tiempo que colaboro con un club deportivo en su estrategia de marketing y entreno como un loco para mi próximo desafío deportivo”, “viajar a Ciudad Yachay, un polo de innovación y centro de conocimiento en Ecuador y colaborar con las organizaciones instaladas allí” o “pasar un tiempo en Chiang Mai, Tailandia, la meca de los nómadas digitales” o “ir a Estonia a ver cómo se montan ellos aquello de la sociedad digital” o “ir a Finlandia a conocer escuelas innovadoras” o ir por fin a visitar a mi familia de Argentina sin dificultades ni remordimientos, “o viajar a Costa Rica para trabajar una semana con un amigo que tiene una empresa de realidad virtual”, “o a visitar a unos amigos en Bali (Indonesia)… Cuantas más personas conozcas más conexiones puedes generar.

Aprender más y más rápido: Para crecer hay que cambiar y debes ser consciente de que tienes que adoptar nuevas estrategias y planteamientos personales y profesionales. Esfuerzo, mucho, y foco. No es ninguna locura, es una evolución natural propia de la curiosidad de nuestra generación millennial. ¿No eres millennial? Te acogemos, no te preocupes.

Si tu familia ve que eres feliz, no tendrán ninguna objeción pero siempre eres tú quien decide. En definitiva, “viajamos para eliminar la frontera más peligrosa: la que nosotros mismos creamos”. (Blog Marcando el polo)

En próximas publicaciones seguiré hablando sobre este tema tan apasionante y, en concreto, sobre qué tendríamos que aprender para desarrollar este estilo de vida así como herramientas y recursos de interés imprescindibles. ¿Te ha resultado interesante? ¡Comparte tus inquietudes!

Carta a mi yo del futuro

Carta a mi yo del futuro: Lisandro Caravaca en 2028

Querido Lisandro del futuro:

Será una “causalidad”… pero hoy, sin ser consciente de que es “1 de abril de 2018, aniversario de bodas de tus padres y Domingo de Resurrección de la Semana Santa”, tras varios meses con este tema en los borradores del ordenador, decido emprender y retomar este escrito. Y no soy creyente, precisamente, ya lo sabes. Bueno, en ti sí creo, es decir en nosotros, ya me entiendes.

Por una parte, reconozco que me da un poco de miedo escribirte esta carta… porque ahora mismo estoy pensando en lo malo y me preocupa. Por otra parte, con malos pensamientos es difícil avanzar y yo siempre he sido más bien idealista y soñador, así que voy a cambiar el chip enseguida para que, el día que releas esta carta, estés orgulloso de nosotros. Ya sabes: “si dejamos salir nuestros miedos, tendremos más espacio para vivir nuestros sueños”.

Esta “carta a mi yo del futuro” es un interesante ejercicio de reflexión, de introspección, de visualización y perspectiva. Que por supuesto es modificable pero te permite poner por escrito los cambios que te gustaría ver en tu vida y ese futuro que sueñas construir y, al mismo tiempo, te posibilita valorar lo que has conseguido hasta ahora.

“¡Cuán largo me lo fiáis, amigo Sancho!” Puede pasar cualquier cosa en diez años… eso es obvio. En 2028 tendré 38 años para 39. Pero el tiempo vuela. Para recordarlo me digo que estamos más cerca del año 2030 que del año 2000.

¡Cuánta incertidumbre! ¿Cómo serás? ¿Seguirás teniendo pelo? Al ritmo que vas con 28, seguro que ya lo tendrás todo blanco, ¿conseguirás mantener tu peso a raya? ¿Qué harás? ¿Seguirás dando vida a Eduskopia y sus proyectos o habrás pasado página? ¿habrás conseguido consolidar diferentes iniciativas? ¿Dónde estarás? Probablemente fuera de Valladolid, en alguna parte del mundo en la que puedas estar conectado con la innovación pero también con la naturaleza o la tranquilidad. No te imagino viviendo mucho tiempo en el centro de una gran ciudad. Espero que no te dejes ganar por el sedentarismo y lleves un ritmo de vida activo motivado por tu pasión y alegría. ¿Serás viajero o más bien tirando a ermitaño? ¿habrás conseguido ser nómada digital durante un tiempo como querías? ¿y con quién estarás? ¿Seguirás en contacto con tus amigos y colegas? ¿te habrás quedado flipado con la mujer de tus sueños? ¿tendrás hijos? ¿Les enseñarás a jugar al tenis desde peques? ¿les gustará? (¡Ay! ¿y si no les gusta el tenis?) ¿y qué hay de tus aficiones? ¿Seguirás disfrutando de la moto que tantos años esperaste conseguir? ¿y del deporte? ¿Seguirás corriendo larga distancia? ¿habrás retomado el tenis con la misma ilusión que cuando eras chaval? ¿y leerás aún más que ahora? ¡seguro que sí! ¿Continuarás con el dichoso síndrome de los nuevos proyectos? Jo, eso me recuerda a este vídeo promocional de la Marca Perú.

¿Y qué hay de tu balance de aciertos y de errores? Espero que hayas aprendido de tus errores pero sin sufrir. Ufff, qué difícil saberlo. Esto depende de un gran cúmulo de factores… ¿y qué hay de tus convicciones? Probablemente mantengas un compromiso social similar al de ahora, o quizás mayor. Y si hay hijos de por medio… quizás aflore tu instinto rebelde y sobreprotector (del estilo a… “a mí me jodieron, pero a mis hijos no”) ¡quién sabe! Eso sí… no te enojes tanto como haces ahora con determinadas injusticias pero tampoco renuncies a cambiarlas si está en tus manos.

Lisandro de 2028, me gustaría que estuvieras siempre atento y dispuesto a colaborar con los demás, e incluso vinculado con una o varias instituciones académicas y con uno o varios espacios de innovación en alguna parte. Esto te da la vida, tú lo sabes. Que te valoren y cuenten contigo, que te hagan sentir parte de algo más grande que tú. Y ojalá te ayuden más a “tirar del carro” y ya no te pase como ahora que tenías que llevar tú absolutamente todo para que funcionara… gestiones, proyectos, ¡todo! Y así es imposible llegar lejos como bien comentabas en tu blog. Verás cómo te echas a reír cuando leas esto.

¿Te siguen gustando las citas célebres? Seguro que sí. Ya sabes lo que decía Heródoto de Halicarnaso: “tu estado de ánimo es tu destino” así que recuerda esta que tú mismo creaste: “una persona joven es aquella que mira al futuro con optimismo”. ¡Ánimo chaval! Volveré a escribirte, te lo prometo.

Mis 3 palabras para 2018

Como quien no quiere la cosa, llegamos al final del año 2017. Un año algo complicado y con muchos quebraderos de cabeza. Es hora de hacer balance, porque quien no mira atrás, no puede progresar. Ya son cinco años consecutivos reflexionando sobre el trabajo realizado durante el año y, sobre todo, sentando las bases para el futuro inmediato a través de tres conceptos que sirven de eje para cumplir mis propósitos durante los meses venideros. Estos conceptos deben contener cierto grado de significado e implicación en tu vida y, puesto que estás haciendo un trabajo de introspección y de proyección, más vale que te lo tomes en serio si quieres que tengan algún efecto o resultado. Pero antes de hablar de 2018, haremos el protocolario repaso de años anteriores:

En 2014, mis tres palabras fueron: Actitud, solidaridad y conexiones. Leer aquí.

En 2015, mis tres palabras fueron crear, crecer y cambiar. Leer aquí.

En 2016, mis tres palabras fueron: convencer(me), colaborar y progresar. Leer aquí.

En 2017, mis tres palabras fueron: foco, pasión, oportunidad. Leer aquí.

 

Mis 3 palabras para 2018

Mis tres palabras para 2018 son “foco”, “crecimiento” y “juventud”.

Foco

Sí, repito. No tienen por qué ser conceptos diferentes cada año sino aquellos que verdaderamente representan algo concreto y significan un compromiso contigo mismo. Confío y me propongo hacerlo mucho mejor que en 2017. Para mí, “poner el foco” consiste en centrarse en una tarea, en un solo proyecto, y entregarte en cuerpo y alma. Y creo que esta vez lo voy a lograr. La dispersión me ha jugado muy malas pasadas así que no cabe duda de que este primer concepto es trascendental, vital diría yo.

Crecimiento

¿Qué crece? Crecen las semillas, los árboles, las personas, los contactos, las ciudades, los animales, ¡las neuronas! Pero también la esperanza, el conocimiento, la pasión, etc. En esta carrera de fondo sigo tratando de evolucionar y buscando un equilibrio entre el desarrollo personal y el profesional. “Crecer” es un concepto precioso pero debe ir acompañado de significados y, principalmente, de hechos. Ha llegado la hora de buscar nuevos horizontes, de saciar esas ganas locas por conectar con los demás, por seguir creando y aprendiendo. Quiero dar la mejor versión de mí mismo.

Juventud

Hace varias semanas que le doy vueltas a este concepto, lo que representa, y las distintas interpretaciones que hace la sociedad. Porque… ¿a quién consideras tú gente joven? ¿La juventud es cuestión de edad? Tengo 28 años y medio, ¿sigo siendo joven? He llegado a la conclusión de que no importa la edad sino el espíritu, la actitud. El espíritu joven viene determinado por la actitud con la que afrontas las situaciones de la vida. Para mí, “una persona joven es aquella que mira al futuro con optimismo”.

Aquí están mis 3 palabras para 2018. Me las voy a tatuar en la frente. Yo sé que “nada empieza si tú no empiezas nada” así que vamos a ello, como siempre. Soplan vientos de cambio.

¿Cuáles son las tuyas? Comparte en redes sociales con #3palabras2018.

8 nuevos proyectos que no lanzaré

Desde hace algunos años tengo una carpeta en mi ordenador que se titula “Nuevos Proyectos“. Por ella han desfilado aventuras inimaginables, ideas y sueños. He decidido desprenderme de algunos de estos proyectos -ocho concretamente- aunque ya he ido borrando varios documentos durante todo este tiempo. Ocho nuevos proyectos que desde este momento ya no figuran en mis archivos. Los únicos documentos sobre los mismos serán los artículos que publicaré aquí sobre cada uno de ellos. Ojalá le sirvan estas ideas a alguien que sí tenga la capacidad y/o los recursos para llevarlos a cabo conmigo o sin mí.

Para cumplir con mi primera palabra de 2017, “foco”, he decidido tomar cartas en el asunto y cambiar algo en mi vida. No se me ocurre mejor manera que empezar a hacer frente al “síndrome de los nuevos proyectos“.

Evolución personal

Esto es un pequeño experimento de crecimiento personal muy al estilo del maestro Isra García. Aunque os parezca algo bastante simple, para mí no es nada fácil renunciar a estos planteamientos. De hecho, hace poco tiempo le di varias vueltas a uno de ellos. Ninguno de los proyectos que voy a presentar es especialmente innovador.

Necesito pasar página. Creo que forma parte de mi evolución y de mi gran proyecto vital “Boost My Progress“. Porque madurar supone aparcar sueños imposibles para centrarse en lo que de verdad importa.

Hoy sólo los mencionaré, pero poco a poco los irás descubriendo aquí, en mi blog, uno a uno en www.lisandrocaravaca.es:

#1 Centro Español de Teatro Ciego

#2 Boost Detroit

#3 Social Media desde la sabiduría indígena

#4 Desafío Senda del Duero Bike Race

#5 Coworkation

#6 Knowmads, viajeros de un presente cuántico

#7 Pucela Innova

#8 Agente de tenistas semiprofesionales

¿Quieres comentar algo o saber más? No lo dudes, escríbeme.

Mis fallos más gordos de 2014

No te vayas a pensar que escribir esto es “postureo”; al contrario, duele y mucho. Y también es difícil hacer autocrítica porque automáticamente suelo olvidar o no reconozco los fallos.

Lo primero que debo precisar es que me motivó -por enésima vez- uno de los artículos de Isra García en el que él también reconoce sus fallos y se expone a la vulnerabilidad absoluta. ¿Acaso no es esto lo que nos hace permanecer humanos? Confieso que necesitaba plasmarlo por escrito. 2014 ha sido un año agridulce, y conviene no olvidarlo, pues espero que 2015 sea muchísimo mejor. Coincido plenamente con la idea de que el emprendedor es, por encima de todo, un “aprendedor”.

No voy a entrar en detalles de si son errores que cometí en 2014 o en general y no los voy a ordenar ni a evaluar por mayor o menor grado de importancia. Tampoco tienen que ser fallos profesionales, también pueden personales, claro que sí. Bien es cierto que a mis 25 años tengo margen de reacción y de mejora y se puede considerar más un proceso de aprendizaje continuo como indicaba en el párrafo anterior.

Ahora mismo no sé si me gustaría seguir trabajando en los temas que me han llevado a estos errores o por el contrario enfocar el desarrollo de mi marca personal en los sectores con los que la gente me asocia. En fin, ahora no lo vamos a solucionar. Allá voy:

Descuidar mi vida personal. Aunque las cosas te vayan mal, no es bueno fustigarse todo el tiempo, de lo contrario jamás encontrarás el equilibrio. Pongo por ejemplo cuando estuve viviendo una serie de meses en Madrid y sólo salía a la calle para hacer la compra, para participar en algún evento y para salir a correr. No estaba generando ingresos y no me perdonaba tomarme dos cervezas un viernes o ir al cine con el dinero de mi familia (a pesar de que ellos insistieran en que lo hiciera sin temor).

Convivir con gente tóxica. Por mucho que quieras a estas personas te llevarás demasiados disgustos. Llámame egoísta si quieres.

Leer pocas novelas. Este año he leído muchos más libros de temática profesional.

Perder ligeramente el foco. Como ya he comentado en alguna ocasión, sufro el “síndrome de los nuevos proyectos” lo que me hace estar constantemente maquinando ideas y aventuras que, si bien son ilusionantes, me hacen perder concentración y energías en lo que me va a dar de comer.

Sembrar mucho y recoger muy poco. Hay una descompensación evidente que arrastro desde hace un tiempo. Yo doy, doy, doy, doy y recibo poco o nada a cambio en ciertos aspectos. Para esto no encuentro solución.

No saber contagiar mi ilusión y mi energía al resto del equipo y de mi entorno. Al final, siempre me toca tirar a mí del carro en exceso. Si el trabajo fuese en equipo propiamente dicho, todos ganaríamos y los resultados serían mejores.

Ser poco productivo: me paso demasiado tiempo revisando Feedly, leyendo, escribiendo, contestando mails, y repasando las redes sociales, etc. Todo ello es importantísimo pero en su justa medida y en un horario determinado. Esto me imagino que lo iré puliendo con los años.

Vivir ajeno a la realidad: los usuarios avanzados de redes sociales somos muy pocos, menos de los que nos imaginamos; el resto no se entera absolutamente de nada de lo que hago y aún así son miembros de mi comunidad. Para esto tampoco encuentro solución

Errar el tiro por completo en la estrategia de venta de formación y empeñarme en sostener un modelo de negocio inviable. Aquí fui muy cabezón y me dejé llevar más por el corazón que por la razón. Esto me llevó al siguiente error:

No saber pivotar con mayor agilidad: debo aprender a encontrar la ventana si la puerta está cerrada.

Pensar mucho más en el emprendimiento social que en generar ingresos mínimos para seguir adelante. Un error muy típico, por otra parte, cometido por aquellos que de corazón queremos que el mundo cambie.

Tratar de convencer a personas que no quieren mover un dedo y no van a cambiar.

Seguro que hay decenas de errores que no he escrito. Para este 2015 espero seguir fallando pero con más alegrías que penas.