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Mis fallos más gordos de 2014

No te vayas a pensar que escribir esto es “postureo”; al contrario, duele y mucho. Y también es difícil hacer autocrítica porque automáticamente suelo olvidar o no reconozco los fallos.

Lo primero que debo precisar es que me motivó -por enésima vez- uno de los artículos de Isra García en el que él también reconoce sus fallos y se expone a la vulnerabilidad absoluta. ¿Acaso no es esto lo que nos hace permanecer humanos? Confieso que necesitaba plasmarlo por escrito. 2014 ha sido un año agridulce, y conviene no olvidarlo, pues espero que 2015 sea muchísimo mejor. Coincido plenamente con la idea de que el emprendedor es, por encima de todo, un “aprendedor”.

No voy a entrar en detalles de si son errores que cometí en 2014 o en general y no los voy a ordenar ni a evaluar por mayor o menor grado de importancia. Tampoco tienen que ser fallos profesionales, también pueden personales, claro que sí. Bien es cierto que a mis 25 años tengo margen de reacción y de mejora y se puede considerar más un proceso de aprendizaje continuo como indicaba en el párrafo anterior.

Ahora mismo no sé si me gustaría seguir trabajando en los temas que me han llevado a estos errores o por el contrario enfocar el desarrollo de mi marca personal en los sectores con los que la gente me asocia. En fin, ahora no lo vamos a solucionar. Allá voy:

Descuidar mi vida personal. Aunque las cosas te vayan mal, no es bueno fustigarse todo el tiempo, de lo contrario jamás encontrarás el equilibrio. Pongo por ejemplo cuando estuve viviendo una serie de meses en Madrid y sólo salía a la calle para hacer la compra, para participar en algún evento y para salir a correr. No estaba generando ingresos y no me perdonaba tomarme dos cervezas un viernes o ir al cine con el dinero de mi familia (a pesar de que ellos insistieran en que lo hiciera sin temor).

Convivir con gente tóxica. Por mucho que quieras a estas personas te llevarás demasiados disgustos. Llámame egoísta si quieres.

Leer pocas novelas. Este año he leído muchos más libros de temática profesional.

Perder ligeramente el foco. Como ya he comentado en alguna ocasión, sufro el “síndrome de los nuevos proyectos” lo que me hace estar constantemente maquinando ideas y aventuras que, si bien son ilusionantes, me hacen perder concentración y energías en lo que me va a dar de comer.

Sembrar mucho y recoger muy poco. Hay una descompensación evidente que arrastro desde hace un tiempo. Yo doy, doy, doy, doy y recibo poco o nada a cambio en ciertos aspectos. Para esto no encuentro solución.

No saber contagiar mi ilusión y mi energía al resto del equipo y de mi entorno. Al final, siempre me toca tirar a mí del carro en exceso. Si el trabajo fuese en equipo propiamente dicho, todos ganaríamos y los resultados serían mejores.

Ser poco productivo: me paso demasiado tiempo revisando Feedly, leyendo, escribiendo, contestando mails, y repasando las redes sociales, etc. Todo ello es importantísimo pero en su justa medida y en un horario determinado. Esto me imagino que lo iré puliendo con los años.

Vivir ajeno a la realidad: los usuarios avanzados de redes sociales somos muy pocos, menos de los que nos imaginamos; el resto no se entera absolutamente de nada de lo que hago y aún así son miembros de mi comunidad. Para esto tampoco encuentro solución

Errar el tiro por completo en la estrategia de venta de formación y empeñarme en sostener un modelo de negocio inviable. Aquí fui muy cabezón y me dejé llevar más por el corazón que por la razón. Esto me llevó al siguiente error:

No saber pivotar con mayor agilidad: debo aprender a encontrar la ventana si la puerta está cerrada.

Pensar mucho más en el emprendimiento social que en generar ingresos mínimos para seguir adelante. Un error muy típico, por otra parte, cometido por aquellos que de corazón queremos que el mundo cambie.

Tratar de convencer a personas que no quieren mover un dedo y no van a cambiar.

Seguro que hay decenas de errores que no he escrito. Para este 2015 espero seguir fallando pero con más alegrías que penas.